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<channel><title><![CDATA[Alano Espa&ntilde;ol de las Tinieblas - Relatos de Caza]]></title><link><![CDATA[http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza]]></link><description><![CDATA[Relatos de Caza]]></description><pubDate>Sun, 24 Apr 2022 12:05:02 -0700</pubDate><generator>Weebly</generator><item><title><![CDATA[El Rojo]]></title><link><![CDATA[http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/el-rojo]]></link><comments><![CDATA[http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/el-rojo#comments]]></comments><pubDate>Wed, 17 Apr 2013 12:06:25 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/el-rojo</guid><description><![CDATA[   &nbsp;&nbsp;&nbsp; El rojo viv&iacute;a de aqu&iacute; para all&aacute;, un d&iacute;a dorm&iacute;a en la majada de El Romo, otro en el piornal del Jaido, al d&iacute;a siguiente en los pe&ntilde;ones negros de Las Llampas. As&iacute; un d&iacute;a tras otro, burlando lobos, esquivando balas y buscando hembras a las que enamorar. Hoy, descansa en la hornera de Casilda, donde esta le dedica sus mejores cuidados. Todos los d&iacute;as enciende la chimenea para...        ...secar y ahumar sus j [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<span class='imgPusher' style='float:left;height:0px'></span><span style='z-index:10;position:relative;float:left;;clear:left;margin-top:0px;*margin-top:0px'><a href='http://es.alanosdelastinieblas.com/uploads/7/8/5/1/7851216/8870064_orig.jpg' rel='lightbox' onclick='if (!lightboxLoaded) return false'><img src="http://es.alanosdelastinieblas.com/uploads/7/8/5/1/7851216/8870064.jpg" style="margin-top: 5px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; margin-right: 10px; border-width:1px;padding:3px;" alt="Imagen" class="galleryImageBorder" /></a><span style="display: block; font-size: 90%; margin-top: -10px; margin-bottom: 10px; text-align: center;"></span></span> <div class="paragraph" style="text-align:justify;display:block;">  <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; El rojo viv&iacute;a de aqu&iacute; para all&aacute;, un d&iacute;a dorm&iacute;a en la majada de El Romo, otro en el piornal del Jaido, al d&iacute;a siguiente en los pe&ntilde;ones negros de Las Llampas. As&iacute; un d&iacute;a tras otro, burlando lobos, esquivando balas y buscando hembras a las que enamorar. Hoy, descansa en la hornera de Casilda, donde esta le dedica sus mejores cuidados. Todos los d&iacute;as enciende la chimenea para... <!--[if gte mso 9]>     Normal   0         21         false   false   false      ES   X-NONE   X-NONE                                                         MicrosoftInternetExplorer4                                                   <![endif]--></div> <hr style="width:100%;clear:both;visibility:hidden;"></hr>  <div>  <!--BLOG_SUMMARY_END--></div>  <div class="paragraph" style="text-align:justify;">...secar y ahumar sus jamones, lomos y chorizos. Con mucho mimo los va tocando uno a uno, comprueba que secan y endurecen poquito a poco y que la curaci&oacute;n marcha por buen camino. Manjar de dioses, perd&oacute;n, de cazadores y tambi&eacute;n de alg&uacute;n amigo. <br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hac&iacute;a mucho fr&iacute;o aquella noche en la que los efluvios de la desorejada se cruzaron en su camino. El mensaje que el aire llevaba, promet&iacute;a una noche de pasi&oacute;n y desenfreno que hac&iacute;a imposible presagiar la tragedia. Sus peripecias y correr&iacute;as como escudero del canoso, le hab&iacute;an convertido en un experto en supervivencia. Menos apuesto que este pero m&aacute;s montaraz. Estrecho de culo, corto de espalda, alto de hombros, cabeza poderosa y una fuerza y agresividad salvaje lo convert&iacute;an en el tirano del bosque y en temible enemigo de lobos y perros de caza. <br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; De huir de las tinieblas y evitar emboscadas sab&iacute;a mucho. El d&iacute;a que cay&oacute; el Canoso, se salv&oacute; de ser &eacute;l el sacrificado, por su desconfianza. Hac&iacute;a tiempo que andaba con la mosca detr&aacute;s de la oreja. Un paisano les segu&iacute;a la pista, por eso aquel d&iacute;a no se qued&oacute; en lo espeso. Con un ojo abierto y el o&iacute;do atento, encam&oacute; alto, en los pe&ntilde;ones negros del Serronal. La jugada le sali&oacute; bien y cuando se form&oacute; la de San Quint&iacute;n y los alanos cogieron al canoso, &eacute;l se fue zorreando y sin dar que hablar. A partir de este d&iacute;a se convirti&oacute; en el rey de los suyos y en el principal objetivo de los otros.<br /><br />    &nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue de amanecida, al pasar por la collada Los Muertos, por donde el viento es un ej&eacute;rcito de olores, cuando se fragu&oacute; la tragedia. Dos de ellos llamaron su atenci&oacute;n: Uno, del que m&aacute;s vale cuidarse, pues sus portadores suelen acompa&ntilde;arse de la hechicera de la guada&ntilde;a, es el caracter&iacute;stico de las ropas de los paisanos de los pueblos. En el invierno las chimeneas funcionan a pleno rendimiento y las ventiscas hacen que vuelva el humo dentro de las casas, por lo que todo en ellas queda impregnado de ese caracter&iacute;stico "olor a humo". El otro; el de la desorejada en celo. Levanta el hocico, se carga de aire y saborea las part&iacute;culas del aroma del amor. As&iacute; una y otra vez, hasta que su pituitaria capta todos los detalles y descifra el mensaje: la cita es en el monte Lutero.<br /><br />    &nbsp;&nbsp;&nbsp; Noviembre hab&iacute;a regalado nieve a espuertas y parte de ella permanec&iacute;a en las umbr&iacute;as del Majad&oacute;n y las Carrizas. Cruzarlas le supone un gran esfuerzo, pero la posibilidad de perpetuar sus genes y pensar que alg&uacute;n desalmado pueda robarle los favores de la Desorejada, hace que emprenda la traves&iacute;a, con determinaci&oacute;n y coraje. No sabe que al otro lado se las volver&aacute; a ver con sus peores enemigos.<br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Llega como un hurac&aacute;n, la emprende a navajazos con uno de los j&oacute;venes que rondan a la Desorejada y les deja claro qui&eacute;n es el jefe. Un tipo duro este Rojo. <br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por las Janezas arriba va Loreto con su abuelo, su perrina Haizea, Canuto, que es una especie de fox terrier, y 4 alanos. Hablan de caza, escucha ensimismada las historias que sue&ntilde;a protagonizar alg&uacute;n d&iacute;a y no deja de preguntarse c&oacute;mo le resulta tan f&aacute;cil, a su abuelo, distinguir las huellas de corzos, venados y jabal&iacute;es. <br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Ves aquel roble de la solana? El m&aacute;s alto, el que est&aacute; agarrado a las pe&ntilde;as negras. En el tronco de ese roble, estaba encamado un jabal&iacute; muy grande que caz&oacute; t&uacute; padre, una ma&ntilde;ana de diciembre, mientras nosotros est&aacute;bamos haciendo la matanza del gocho. Al amanecer, cuando &iacute;bamos a la cuadra a atender al ganado, me dijo que si nos arregl&aacute;bamos sin &eacute;l para subir el gocho al banco, &eacute;l se iba con los perros y la escopeta a dar una vuelta por el monte. Como ten&iacute;a 16 a&ntilde;os y lleg&oacute; despu&eacute;s de comer, cuando ya est&aacute;bamos liados con el orujo, diciendo que hab&iacute;a cazado un jabal&iacute; muy grande y que se necesitaban tres personas para poder sacarlo del arroyo y traerlo a casa, la verdad es que al principio no le hicimos mucho caso. Pero se puso tan pesado que le acompa&ntilde;amos Cruz y yo y no recuerdo mayor paliza para tirando de un bicho. A Cruz yo creo que todav&iacute;a le duelen las piernas del esfuerzo. Como en aquellos a&ntilde;os no se ve&iacute;an jabal&iacute;es tan grandes por aqu&iacute;, vinieron varios amigos, Jandro, Roberto, t&iacute;o Mat&iacute;as, Tin&iacute;n y t&iacute;o Pepe a verlo y a tomarle un poco el pelo a t&uacute; padre.<br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Haizea levanta la cabeza, mueve el rabo y les mira. Mientras tanto, en el piornal del Lutero se est&aacute; produciendo una lucha despiadada, suenan gru&ntilde;idos, bufidos y casta&ntilde;etear de dientes. De los pretendientes de la desorejada, hay uno, que harto ya de tanto huir, se dispone a presentar batalla. Se distingue de los dem&aacute;s por su llamativo color negro, es joven y fuerte, no se deja intimidar y piensa que este puede ser su momento. No eludir&aacute; la pelea. Son dos enemigos &iacute;ntimos que se estudian con cautela. Tiemblan los robles del Lutero con la lucha de estos dos colosos. Hombro contra hombro, escudo contra escudo acuchill&aacute;ndose sin piedad. Se levantan sobre sus patas traseras atac&aacute;ndose con fiereza. Se buscan los flancos intentando hundir sus afilados colmillos en el cuerpo de su contrincante. Las brutales acometidas y la violencia de la lucha hacen que ninguno de los dos se d&eacute; cuenta de que les buscan para darles caza. Aunque de fuerzas parecidas, pronto queda claro qui&eacute;n es el jefe y El Negro, con nuevas cicatrices de guerra, pone pies en polvorosa. No ha elegido buen enemigo, El Rojo colecciona cueros acuchillados de contrincantes a los que destruye sin piedad. Lo que en un principio es una gran derrota y una vergonzosa huida, es lo que a la postre le salvar&aacute; la vida al Negro.<br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Haizea vuelve a levantar la cabeza, mira a Loreto y le lanza un &iexcl;auuuu! que no deja lugar a dudas; Haizea lo ha venteado. <br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vamos a soltarla a ella y a Canuto a ver que hacen, dice su abuelo. Y en cuanto ladren a parado, soltamos a los alanos. <br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Haizea, que es una grifona con un sexto sentido para dar con los jabal&iacute;es, no ha tardado en descubrir el rastro de El Rojo. Su caracter&iacute;stico !Auuuu! Auuuu! Auuuu! dice que ha dado con &eacute;l y llama la atenci&oacute;n de Canuto y los alanos que est&aacute;n locos por acudir a echar un diente. Al verse descubierto, El Rojo, se arrima a un roble y no le da mucha importancia a los aullidos de una perra barbuda, que no deja de molestarle y que no se le acerca a menos de 4 o 5 metros. De repente se ve frente a Tango, Troll, Nero, Tundra y Canuto. Sorprendido, cansado y cabreado por no haber previsto la situaci&oacute;n, se acula al roble. No queda sino batirse, como dir&iacute;a Alatriste. Se prepara para una nueva batalla. Hoy no est&aacute; resultando su mejor d&iacute;a. Rechaza el primer envite de los alanos, haciendo rodar por el suelo a Troll, a Nero lo voltea por el aire y se revuelve para sacudirle a Canuto que lo agarra por una corva. El combate entablado. Siente que su oreja derecha pesa demasiado, intenta girarse pero Tango ya se ha hecho con la izquierda. De repente unos ojos amarillos le miran fijamente, son los de Tundra que le ha agarrado por el hocico. En la quijada la misma presi&oacute;n. Fuertes colmillos y poderosas mand&iacute;bulas prendidas de &eacute;l. Los tremendos esfuerzos que hace por desprenderse de ellos le est&aacute;n agotando. No oye ning&uacute;n ruido, la cabeza le pesa como si fuera de plomo y no puede moverse. La fatiga y el cansancio hacen mella en su &aacute;nimo y sus m&uacute;sculos se bloquean. Siente el fr&iacute;o del acero en un costado, las fuerzas le abandonan, sus patas flojean, no aguantan su peso y los ojos amarillos no dejan de mirarle. Hoy el momento pertenece a los alanos. <br /> Loreto remata su primer gran jabal&iacute;, siente la magia de la muerte y oye resonar -como un tambor de guerra- los latidos de su coraz&oacute;n y los de todos aquellos que han practicado esta suerte antes que ella. Su abuelo la abraza con fuerza y suelta alguna que otra l&aacute;grima de emoci&oacute;n. <br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Hemos cazado al Rojo! Cuando lo vea t&iacute;o Pepe no se lo va a creer. &Eacute;l, que dec&iacute;a que mejor que los perros no dieran con &eacute;l, porque era un jabal&iacute; fiero que nos los iba a desgraciar&hellip; Hay que llamar a los amigos para que lo vean. <br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Y piensa&hellip; &iexcl;Joder con la ni&ntilde;a!, yo con 75 a&ntilde;os, toda la vida cazando y corriendo detr&aacute;s de lobos, zorros, gardu&ntilde;as y jabal&iacute;es, y nunca me he encontrado con un bicho tan extraordinario como este y llega ella y a la primera remata un jabal&iacute; que ser&aacute; la envidia de todos. &iquest;Habr&aacute; sido la suerte de la principiante? Yo creo que no, m&aacute;s bien el saber hacer del maestro. <br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; - Abuelo, abuelo, &iexcl;qu&eacute; emoci&oacute;n!, ahora estoy mucho m&aacute;s nerviosa que cuando lo pinch&eacute;. Hice lo que pap&aacute; y t&uacute; siempre me dec&iacute;s; bajo y mover un poco el cuchillo, teniendo mucho cuidado de no hacerles da&ntilde;o a los perros. &iexcl;Qu&eacute; nervios, me va a dar algo!<br /><br />    &nbsp;&nbsp;&nbsp; Como bot&iacute;n de guerra: Troll, un costur&oacute;n en el costillar. Nero, varios puntos en el pecho. Tango, Canuto y Tundra, algunos puntazos sin mayor importancia. &nbsp;<br /><br />    &nbsp;&nbsp;&nbsp; P.D. En estos montes la muerte es una amiga que te da un abrazo en cuanto te descuidas.<br /><br />Paquito.<br /><br />  </div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Zarpas de Las Tinieblas]]></title><link><![CDATA[http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/zarpas-de-las-tinieblas]]></link><comments><![CDATA[http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/zarpas-de-las-tinieblas#comments]]></comments><pubDate>Tue, 16 Apr 2013 19:30:36 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/zarpas-de-las-tinieblas</guid><description><![CDATA[   &nbsp;&nbsp;&nbsp; Zarpas de las Tinieblas pone en la umbr&iacute;a del monte sus 63 cm y 43  kilogramos, su fuerza extraordinaria y su coraje, mientras el macareno  expone sus 90 kilos, unas navajas de 9 cm y toda su experiencia en la  lucha diaria por la supervivencia, habiendo ganado hasta el momento  todos sus combates contra lobos, podencos y perros de rastro.    &nbsp;&nbsp;&nbsp; Alano y&nbsp; jabal&iacute; sobre la hojarasca, vacunados contra el desaliento,  enemigos irreconciliables, [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<span class='imgPusher' style='float:left;height:0px'></span><span style='z-index:10;position:relative;float:left;;clear:left;margin-top:0px;*margin-top:0px'><a href='http://es.alanosdelastinieblas.com/uploads/7/8/5/1/7851216/9552357_orig.jpg?248' rel='lightbox' onclick='if (!lightboxLoaded) return false'><img src="http://es.alanosdelastinieblas.com/uploads/7/8/5/1/7851216/9552357.jpg?248" style="margin-top: 5px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; margin-right: 10px; border-width:1px;padding:3px;" alt="Imagen" class="galleryImageBorder" /></a><span style="display: block; font-size: 90%; margin-top: -10px; margin-bottom: 10px; text-align: center;"></span></span> <div class="paragraph" style="text-align:justify;display:block;">  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Zarpas de las Tinieblas pone en la umbr&iacute;a del monte sus 63 cm y 43  kilogramos, su fuerza extraordinaria y su coraje, mientras el macareno  expone sus 90 kilos, unas navajas de 9 cm y toda su experiencia en la  lucha diaria por la supervivencia, habiendo ganado hasta el momento  todos sus combates contra lobos, podencos y perros de rastro. <br /><br />   &nbsp;&nbsp;&nbsp; <span></span>Alano y&nbsp; jabal&iacute; sobre la hojarasca, vacunados contra el desaliento,  enemigos irreconciliables, ambos saben&nbsp; que&nbsp; luchan por sus vidas. <br />  </div> <hr style="width:100%;clear:both;visibility:hidden;"></hr>  <div>  <!--BLOG_SUMMARY_END--></div>  <div class="paragraph" style="text-align:justify;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de la batalla, mientras uno de ellos busca en el aire los   efluvios de hembras en celo y otros peligros que en el bosque acechan,   el otro en su pasi&oacute;n por la caza no deja de seguir el rastro que la   experiencia y Centella le dicen que&nbsp; es el bueno.<br /><br />   &nbsp;&nbsp;&nbsp; De repente,  una explosi&oacute;n de emociones y adrenalina, el verraco siente  que un  podenco pu&ntilde;etero (Centella) le muerde en sus partes m&aacute;s &iacute;ntimas  con la  peor de las intenciones. No queda otra cosa que parar y  defenderse como  tantas otras veces. <br /><span></span><br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Recuerda cuando Zar, el sabueso  de Carlos  tuvo el atrevimiento de hacer lo mismo y el pobre perro&nbsp;  termin&oacute; el d&iacute;a  en la cl&iacute;nica con treinta puntos de sutura.<br /><span></span><br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Se vuelve  y se  encuentra frente a frente con Zarpas. &iexcl;Lucha&nbsp; de titanes!!! Ellos  no se  conoc&iacute;an pero siente que este perro le dar&aacute; problemas, no es como  los  otros. Lo recibe con un trompazo de los suyos, de aquellos que hasta   entonces tan buenos resultados le hab&iacute;an dado. Siente que unos   colmillos se le clavan en&nbsp; la mand&iacute;bula. &iexcl;Alano contra jabal&iacute;! Saltan   chispas de emoci&oacute;n. Es la lucha por la supervivencia.<br /><span></span><br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De repente   llegan Tango, Nero y Goiko. La relaci&oacute;n de fuerzas cambia. No entiende   qu&eacute; pasa, nunca&nbsp; antes se hab&iacute;a encontrado con mand&iacute;bulas tan poderosas   ni&nbsp; perros tan tenaces.<br /> Tuvo tardes mejores. Nero colgado de una   oreja, Goiko de la otra y Tango le&nbsp; ten&iacute;a cogido por la jeta. No se   explica c&oacute;mo Zarpas ha sido capaz de agarrarlo, &eacute;l ha ofrecido su mejor   repertorio de navajazos,&nbsp;pero esta vez presiente que puede ser la   &uacute;ltima. Siente un pinchazo en el costado. <br />Con lo f&aacute;cil que hab&iacute;a sido   terminar con el&nbsp; sabueso del Lebaniego... Una buena cuchillada y muchos   lamentos por uno de los mejores sabuesos de Potes. <br /><span></span>Un escalofr&iacute;o recorre su cuerpo. Siente que las fuerzas lo abandonan. &iexcl;Qu&eacute; gran jabal&iacute;! &iexcl;Qu&eacute;&nbsp; boca tiene!.<br /><span></span><br />   &nbsp;&nbsp;&nbsp; Centella y los alanos han salido ganadores. Todos los perros son bien   revisados. S&iacute;, Zarpas ha ganado otra vez, pero esta batalla se&nbsp; ha   cobrado su tributo. Zarpas ha perdido todos los incisivos y el colmillo   izquierdo inferior. M&aacute;s puntos en la paletilla...<br /><br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp; No es tan f&aacute;cil ni tan inocuo como algunos&nbsp; dicen.<br /><span></span>&nbsp; <br /><br />   &nbsp;&nbsp;&nbsp; Zarpas muri&oacute; hace unos meses, a los 6 a&ntilde;os. Ahora que &eacute;l ha muerto,   creo que el mejor homenaje que se le puede hacer es recordar sus   carreras tras los jabal&iacute;es y sus agarres en los que en m&aacute;s de una   ocasi&oacute;n se jug&oacute; la vida.<br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del primero, a los 9 meses  de edad, fue  testigo de excepci&oacute;n Juan Ignacio &Ntilde;udi, director de Trofeo  Caza,  revista en la que public&oacute; varias instant&aacute;neas del lance. A este le   siguieron otros muchos, alguno con susto incluido, y tambi&eacute;n carreras y   persecuciones muy emocionantes en las que el suido hizo gala de toda su   astucia y sabidur&iacute;a para esquivar a los terribles colmillos.<br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Zarpas   todav&iacute;a puede ganar otras batallas despu&eacute;s de morir, cuando su semen   fecunde a alguna de mis perras y sus cachorros le honren persiguiendo y   agarrando jabal&iacute;es, demostrando que son herederos de la valent&iacute;a y   nobleza de un gran alano.<br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque eso es lo que fue Zarpas, UN GRAN ALANO.<br /><br /><span>Paquito</span><br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[EL SEÑOR DE LA NOCHE]]></title><link><![CDATA[http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/primer-mensaje]]></link><comments><![CDATA[http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/primer-mensaje#comments]]></comments><pubDate>Thu, 16 Jun 2011 13:01:22 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">http://es.alanosdelastinieblas.com/relatos-de-caza/primer-mensaje</guid><description><![CDATA[ &nbsp;&nbsp;&nbsp; En los silenciosos y fr&iacute;os d&iacute;as de invierno en los que las chimeneas no  dejan de echar humo, los espesos piornales y matizos de solana se  convierten en refugio del astuto y sabio jabal&iacute;, al que la experiencia y  valent&iacute;a han convertido en el se&ntilde;or de la noche.    &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que con el oto&ntilde;o llegan d&iacute;as en los que el monte se puebla de  todo terrenos, de gente dando voces acompa&ntilde;ados de sabuesos y grifones  [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<span class='imgPusher' style='float:right;height:0px'></span><span style='z-index:10;position:relative;float:right;;clear:right;margin-top:0px;*margin-top:0px'><a><img src="http://es.alanosdelastinieblas.com/uploads/7/8/5/1/7851216/1355344886.jpg" style="margin-top: 5px; margin-bottom: 10px; margin-left: 10px; margin-right: 0px; border-width:0;" alt="Picture" class="galleryImageBorder" /></a><div style="display: block; font-size: 90%; margin-top: -10px; margin-bottom: 10px; text-align: center;"></div></span> <div class="paragraph" style="text-align:justify;display:block;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los silenciosos y fr&iacute;os d&iacute;as de invierno en los que las chimeneas no  dejan de echar humo, los espesos piornales y matizos de solana se  convierten en refugio del astuto y sabio jabal&iacute;, al que la experiencia y  valent&iacute;a han convertido en el se&ntilde;or de la noche. <br /><br />   &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que con el oto&ntilde;o llegan d&iacute;as en los que el monte se puebla de  todo terrenos, de gente dando voces acompa&ntilde;ados de sabuesos y grifones  que atruenan con sus ladridos. <br /><br /><span></span></div> <hr style="width:100%;clear:both;visibility:hidden;"></hr>  <div>  <!--BLOG_SUMMARY_END--></div>  <div class="paragraph" style="text-align:justify;">    &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que mientras que haya otros, que por  su inexperiencia o falta de  temple -y si no ya les da el un  empujoncito-, al salir huyendo  arrastren tras de s&iacute; a toda la jaur&iacute;a, a  &eacute;l le vale con azorrarse y  destripar, si es necesario, al osado que  delate su presencia u ose  meterse con &eacute;l. <br /><br /><span></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que sus huellas despiertan, entre los perreros, m&aacute;s inter&eacute;s y  admiraci&oacute;n que las de los dem&aacute;s. Y tambi&eacute;n temor. Quieren darle caza  pero no quieren perder a sus mejores perros.<br /><br /><span></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hoy no ha esperado como otras muchas veces en su jerg&oacute;n de d&iacute;a. Nota  algo raro en el ambiente. Tras un ligero ruido y un chillido m&aacute;s que un  ladrido, de una joputa podenca, salta de la cama como alma que lleva el  diablo. Sin desperezarse y con lega&ntilde;as. A todo trapo rompiendo monte  Fontanal abajo. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabe que le buscan. En su subconsciente tiene grabada la voz de Centella y los ojos de fuego de los que no hacen ruido. Los que han descubierto su escondite y ahora le persiguen para darle caza, necesitan y de hecho tienen, el valor y la valent&iacute;a suficiente para enfrentarse a sus temibles armas. Son nietos y bisnietos de Goiko y Curro. Son alanos. Aun se despierta atormentado por la mirada de aquel demonio de ojos amarillos que tenia sujeto por la quijada a su compa&ntilde;ero de juventud. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Varios siglos han pasado desde su llegada a la pen&iacute;nsula con las tribus al&aacute;nicas y siguen desempe&ntilde;ando las mismas funciones que le han convertido en un mito. Una enorme fuerza controlada por un temperamento noble y equilibrado que le ha ganado la batalla al tiempo y una salud de hierro que ha servido de base para la creaci&oacute;n y regeneraci&oacute;n de numerosas razas for&aacute;neas. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; El ruido es sobrecogedor. Las pulsaciones se desbocan y la mano se va mec&aacute;nicamente hacia la empu&ntilde;adura del cuchillo apret&aacute;ndola con fuerza, a pesar de que una arrancada as&iacute;, tan a lo bestia, no augura nada bueno. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Llevan collares de 14 cm de ancho con cortes en la parte del pecho para no restarle movilidad. Tienen cuerpo de atleta, vientre retra&iacute;do, buenas manos, patas fuertes y resistentes, grupa alta, espalda fuerte, cabeza poderosa y alma de alano. Los de mirada seria y penetrante van a la caza del canoso. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; La bajada del Fontanal, poblado de escobas, piornos y alg&uacute;n roble le ha dado a este cierta ventaja. Al llegar al arroyo de la Bra&ntilde;uela, lo cruza de dos saltos y enfila canto arriba por la vereda del Gonzal&iacute;n. Parece que su intenci&oacute;n es pasar al monte de las gallinas por el collado de los pozos. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Tango y toda la tropa que le acompa&ntilde;a, Brisa, Nero, Troll, Centella y Canela, se gu&iacute;an de su buena nariz en el piornal, tampoco es una tarea dif&iacute;cil pues el canoso acaba de levantarse y la peste que deja es considerable. Al salir al canto del Gonzal&iacute;n, terreno de brezo bajo, el jai, jai de las podencas me dice que lo tienen a la vista. Despu&eacute;s de un primer momento de p&aacute;nico parece que se ha confiado y ha cometido dos errores, que no lo ser&iacute;an tanto, si no fueran alanos los que le siguen. Dejarse ver y huir ladera arriba no parece que haya sido una buena elecci&oacute;n. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Atiborrarse de hayucos y bellotas en el Majad&oacute;n y bajar a la huerta de Lotario a seguir con las peras de San Antonio es un placer y est&aacute; muy bien para forrarse de grasa y combatir el fr&iacute;o invernal pero est&aacute; contraindicado para correr ligero. Mientras que &eacute;l ha cogido unos kilos de m&aacute;s, sus perseguidores han ido esculpiendo sus cuerpos y afilando sus colmillos. Las sucesivas carreras por umbr&iacute;as y solanas han hecho que ganen en rapidez y confianza, lo que les hace m&aacute;s peligrosos cada d&iacute;a. Tango, Brisa y Nero lo tienen en el punto de mira, mientras Centella le va ganando terreno por arriba. En el &uacute;ltimo repecho, antes de pasar al monte de Las Gallinas, esta se le acerca tanto que el canoso se revuelve como un resorte y le da una trompada que la lanza por el aire como si fuera una mu&ntilde;eca. Hinchado como un pavo gira sobre su derecha y en &aacute;ngulo de 45 grados vuelve hacia atr&aacute;s por encima de sus perseguidores. En el pico de las piedras est&aacute; Celso, el abuelo, que pese a una larga y dilatada vida como cazador, hace mas de 20 a&ntilde;os que no ve cazar a un alano. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Oy&oacute; el levante en el Fontanal, vio pasar al canoso a unos 100 m por debajo de &eacute;l seguido muy de cerca por los perros. Demasiada distancia para su inseparable amiga la de perrillos. Lo vio envalentonarse, sacudir estopa y dirigirse al paso que el cubr&iacute;a. Lo deja cumplir como a tantos otros y pudiendo haberle metido una de sus trabajadas (los d&iacute;as de ventiscas y nieve son para hacer balas y cargar cartuchos, dice) y efectivas balas, aprieta con fuerza el guardamanos y la culata de su compa&ntilde;era de fatigas, pero no se la echa a la cara. Despu&eacute;s de tantos madrugones y m&aacute;s de una noche sin dormir intentando hacerse con &eacute;l, hoy que lo tiene a tiro, se queda quieto, recuerda viejos tiempos y observa. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora es Troll, que se hab&iacute;a quedado un poco rezagado, el que se apresta a cortarle la retirada. Se sit&uacute;a a su vera y lanz&aacute;ndose sobre su costado clava sus colmillos en su oreja. Cazar jabal&iacute;es es siempre un duro trabajo pero si se trata de un bicharraco como el canoso ya se convierte en una tarea de alto riesgo. Sin embargo, pese a trompazos, navajazos y golpes, un alano nunca reh&uacute;ye el combate. Y Troll solo piensa en &nbsp;sujetarlo y tirar de &eacute;l hacia abajo, pegarse a su costado y aguantar los salvajes arreones que a punto est&aacute;n de conseguir soltarlo. 42 Kg anclados al suelo por unas fuertes manos hacen que el canoso, herido en su orgullo, se pare a pelear. Siente rabia, indignaci&oacute;n y mucha mala leche por verse cogido, desata toda una serie de trompadas, colmilladas y bufidos que ponen los pelos de punta y acojonan. C&oacute;mo entiendo a Sidoro aquel d&iacute;a cuando me dec&iacute;a: &iexcl;t&iacute;rale que nos jode! <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Ten&iacute;amos 15 a&ntilde;os, hab&iacute;a una buena nevada y le contamos a nuestros padres que el coche de l&iacute;nea no pasaba porque la carretera estaba helada, lo que hac&iacute;a que no pudi&eacute;ramos ir al instituto. El caso fue que a medio camino de los 3 km que ten&iacute;amos que andar para coger el autob&uacute;s nos encontramos con el rastro de un buen jabal&iacute;, nos dimos la vuelta y se nos ocurri&oacute; contar esta milonga para pedirle a mi padre su escopeta y que nos dejara ir tras sus huellas. Tuvimos suerte, creo que nos creyeron. Dimos con &eacute;l, le dispare un tiro en las posaderas y se arranc&oacute; a por nosotros como un vitorino. Y Sidoro:&iexcl;t&iacute;rale que nos jode! <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Con cara de pocos amigos llegan los otros. Una embestida a por Brisa que se queda en nada pues ya Tango, por la izquierda, se ha hecho con la otra oreja, de Nero es la quijada y de Brisa la &nbsp;trompa. Ten&iacute;a tanta confianza en sus fuerzas que no supo valorar las de sus enemigos. Con la boca abierta y echando espuma. El tiempo se detiene, le llegan recuerdos confusos, oye gru&ntilde;idos, le parece ver al de los ojos de fuego. Intenta escapar pero no le quedan fuerzas. Quiere luchar pero esta vez ya es demasiado tarde. Hasta tiene que soportar la humillaci&oacute;n de sentir como Centella y Canela se le suben a los lomos reclam&aacute;ndolo como suyo. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Bravo bicho el canoso, ni un gru&ntilde;ido de manso. Heroica y tr&aacute;gica pelea. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Y usted me pregunta que si lo puede rematar? <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por favor, el jabal&iacute; es suyo. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; - No es m&iacute;o, es de los perros y no es un jabal&iacute; cualquiera, es El Canoso. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; El cuchillo al codillo, se deja llevar, abandona la lucha y siente como si flotara. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Las implacables mand&iacute;bulas aflojan, despacio, su presi&oacute;n. <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; El impresionante silencio de despu&eacute;s de la batalla solo es roto por el jadeo de los perros y palabras de admiraci&oacute;n para ellos y para su bravo oponente. &nbsp;<br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;&nbsp; Era un d&iacute;a soleado y de repente oscureci&oacute;. &nbsp;<br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  &nbsp;&nbsp;<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp; P. D. Al llegar a casa, Brisa le cuenta con pelos y se&ntilde;ales, a su abuelo, como fue su primera gran cacer&iacute;a. Paco, mi padre, dice que vio como se le ca&iacute;a la baba a Goiko mientras la ol&iacute;a.<br /> <br /> <br /> Paquito <br /><span style=""></span><br /><span style=""></span>  </div>]]></content:encoded></item></channel></rss>